Un viaje por el Noroeste de Sicilia

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Somos dos parejas de Barcelona, de
algo más de 50 años, que nos encanta Sicilia. La hemos visitado
anteriormente en tres ocasiones y esta vez pedimos a Boris de Trinakria
que nos organizara el viaje. Nos aconsejó que fuéramos a la parte
Noroeste de la isla, porque a pesar de tener menos recursos que la parte
Este, era menos turística y más auténtica. Sugirió que tuviéramos el
cuartel central en Trapani. Por fin llegó el día del inicio del viaje, 
domingo 7 de julio, y desde Barcelona, con Vueling,  aterrizamos en
Palermo a las 3:30 de la tarde. Cogimos el coche de alquiler de Maggiore
y desde el aeropuerto fuimos directos por autovía a Trapani. Vuelo,
alquiler, ruta… todo como la seda, sin ningún problema. En poco más de
una hora ya estábamos en los alrededores de Trapani, en el B&B de
M. y A.. Maravillosa casa-villa con unos propietarios
encantadores. 

Esa misma noche cenamos en Paceco, un pueblo muy pequeño y
muy de donde nos alojábamos. Coincidió que era una fiesta local y la
gente del pueblo lo celebraba a la noche en la plaza mayor bailando como
se ha hecho siempre, a lo “agarrao”, y algunos con mucha
gracia… mientras tanto, nosotros a la fresca, de mirones, en una
gelatería tomando una granita de limón y unos gelati. Entrábamos en el
ambiente de Italia…  

Al día siguiente fuimos a Segesta. Visitamos un templo griego precioso y
ubicado en un valle cerrado muy bonito. Arriba del templo, a un Km
aproximadamente, hay un anfiteatro romano en muy buen estado. Hacía
mucho calor y en vez de ir caminando para ver el anfiteatro cogimos el
autobús que une los dos monumentos. La excursión a Segesta merece la
pena. De allí salimos hacia Scopello, pasando de largo, y viéndolo desde
lo alto de la carretera, un pueblo muy bonito, Castellamare del Golfo.
En Scopello, con unos bocadillos que nos habían preparado en una tienda
de ultramarinos, nos fuimos a la cercana Reserva de lo Zingaro, con el
plan de hacer una caminata y bañarnos en una de sus calas. 

Reserva de lo Zingaro

Dejamos el
coche en el parking de la Reserva y con el plano que nos dieron en la
entrada nos pusimos a andar bajo un calor tremendo y por un sendero sin
árboles. Una hora después nos dimos cuenta de que si seguíamos así nos
íbamos a fundir  y decidimos  bajar a la primera cala que encontramos.
Era muy bonita y con agua limpísima, pero quizás podríamos haber estado
igual de bien en la playa de Scopello y nos habríamos ahorrado “el
calentón”. El paseo por la Reserva debe de ser precioso, pero claro, no a
pleno sol de Julio. Un bañito en la piscina del B&B y todo volvió a
su ser. Y después de cambiarnos y relajarnos un poco nos fuimos a
Trapani (15 min en el coche), a cenar en un restaurante recomendado por
Mario y que tiene la terraza enfrente de una iglesia barroca. Luego nos
enteramos que es de donde sale la famosa processione dei misteri de
semana santa.
El segundo día nos fuimos a las islas Egadi, en concreto a Levanzo. El
billete se adquiere en el muelle de Trapani (es muy fácil). El viaje en
el barco hasta la isla es agradable. Allí desembarcamos en el único
pueblo que hay. Es bonito y las aguas del puerto son azul turquesa y
realmente transparentes. Un barquero se nos ofreció para llevarnos hasta
la cala de il faraglione. Después de darnos varios baños en esa playa,
vigilando las medusas, y de tomar el sol a placer, volvió el barquero
para llevarnos a ver la cueva de los genoveses, que tiene unas pinturas
rupestres interesantes. Dedicamos todo el día a esta isla. Las
conexiones entre islas son muy fáciles, y así, podríamos haber estado la
mañana en Levanzo y a la tarde haber ido a la isla cercana de
Favignana. En cualquier caso, un día muy bonito.
El tercer día tocó el turno a Marsala. El viaje Trapani-Marsala lo
hicimos por la carretera local que bordea la costa y así vimos las
salinas con sus molinos de viento. En Marsala visitamos sus calles con
palacios barrocos, el mercado del pescado, y también hicimos una visita
guiada a la bodega de Donnafugata. Una visita interesante y entretenida.
En Marsala nos hacía mucha ilusión ver los restos de un barco
cartaginense que están conservados en el museo arqueológico de Marsala, y
que ponderaban mucho las guías, pero lo que vimos nos decepcionó un
poco. Después de comer cogimos el camino más al sur, a Selinunte, para
ver unos templos griegos. Yo debía de tener el día un poco cruzado,
porque tampoco las ruinas me llamaron mucho la atención. En cambio, a
mis compañeros de viaje les gustó mucho (creo que intentaban animarme).
Debajo de las ruinas hay una playa muy aconsejable, pero no nos pudimos
bañar porque se nos había hecho tarde y nos volvimos directos a Trapani
por autovía.
El cuarto día, y último en el área de Trapani, fue también precioso. Nos
fuimos a Erice, un pueblo medieval en el que suele haber mucho turista,
pero que por suerte estaba muy poco concurrido. El pueblo en sí es
precioso y las vistas son extraordinarias.  ¡Qué maravilla ver desde
Erice el Monte Cofano y San Vito Lo Capo!  Desde Erice hicimos la
excursión en coche hasta este pueblo que he mencionado, San Vito Lo
Capo, atraídos por la fama de su playa. El trayecto en sí es muy bonito,
sobre todo cuando faltan pocos Kms para llegar a San Vito. ¡Qué playa
tan magnífica! Las guías dicen que suele estar atestada, pero a nosotros
nos pareció medio vacía (4 de la tarde de 10 de Julio). Nos pegamos un
baño y una nadada caribeña. Este fue el último día en Trapani, y lo que
más nos apenaba, la última noche en el B&B de M.. Y es que allí
te puedes mover por las habitaciones, los salones, la cocina, el jardín,
la piscina…como si fuera tu casa (es un decir, ya podía ser nuestra
casa así). M. y A. ejercieron de amigos-anfitriones solícitos.
Nos dieron consejos estupendos acerca de donde cenar, a que bodega ir,
que carretera coger,…¡Un fuerte abrazo M.!  ¡Un beso A.!  
San Vito lo capo
 El destino siguiente era Agrigento, pero antes hicimos parada “técnica”
en la Scala dei Turchi. Mirarlo por favor en Google. La playa está
limitada por un acantilado que tiene unas formaciones onduladas calizas
que dan una estructura de escalera blanca gigante. Cayó otro baño como
dios manda, directo desde una de estas escaleras al agua limpísima y
fresquita. Visita obligada. Y de aquí a Sant’Angelo. Aquí otra
vez apelo a mis humores particulares. No sé, quizás porque hacía 33ºC y
Sant’Angelo está en el interior, o porque veníamos de la placidez
del B&B anterior, el caso es que no me convenció el habernos
desviado hasta allí. También tengo que decir que la gente del pueblo fue
muy amable, y el mismo comentario vale para P., la persona que nos
atendió los dos días que estuvimos allí. Y desayunamos y cenamos de
maravilla. Pero creo que en pleno verano es un lugar que se hace
demasiado seco y duro. Y eso que nos hicimos los machotes y por la
mañana temprano dimos una vuelta de hora y media por los alrededores, a
campo descubierto, para visitar unas antiguas tumbas y una gran gruta en
la falda del pueblo. En el pueblo nos enseñaron muy amablemente como
hacen el pan con horno de leña desde hace varias generaciones. 
Sant’Angelo
 Desde
Sant’Angelo fuimos a Agrigento (45 min en coche) y visitamos el
valle de los templos. Seguimos los consejos de Boris e hicimos la visita
con una guía. El valle de los templos es una maravilla. Al igual que la
Scala dei Turchi, de visita obligada. Desde allí, al atardecer, nos
fuimos a bañar a una playa de Siculiana Marina y a cenar a un
restaurante con terraza a pie de arena, con la puesta de sol… Ahí Dios
mío, que dura iba a ser la vuelta al trabajo.
De Sant’Angelo-Agrigento partimos de vuelta hacia Palermo, por
autovía. Tenía pensado dar un poco de vuelta (bueno, en realidad “un
mucho de vuelta”) para ver la Villa Romana del Casale y los pueblos de
Petralia Soprana y Sottana,… pero no sé, me pareció ver a mis
compañeros de viaje poco entusiasmados con la idea de hacer muchos Km
por carreteras sicilianas desconocidas, vaya, que no coló, así que
directos a Palermo. Directos, directos, tampoco, en realidad un girillo
al Noreste para pasar por Cefalú: un pueblo de costa con una playa
magnífica, esta sí que atestada, ya que era domingo y a 70 Km de
Palermo. 
Cefalù
 En la parte más alta de Cefalú hay una plaza preciosa con una
impresionante catedral normanda con mosaicos bizantinos. Todo un
acierto, en mi opinión, el haber dado un pequeño rodeo para ver Cefalú. Y
de aquí a Monreale, para que no decayera el estilo árabe-normando y los
mosaicos bizantinos. El interior de la catedral de Monreale es de
quedarte anonadado. Es increíble la belleza de los mosaicos dorados
(siglo XII) y lo bien que se han conservado.  Y de aquí, ahora sí, al
hotel de Palermo (el único no ofrecido por la agencia Trinakria Tours).
De la calidez y sensación de amistad de los propietarios del primer
B&B (M. y A.) y de Sant’Angelo (P.), el trato en el
hotel se nos antojó un poco frío y nos sentimos lo que en realidad
éramos, unos huéspedes más. Sin embargo, esa sensación no la tuvimos en
ningún momento en los alojamientos anteriores. El hotel es muy bueno y
según el Trip Advisor está en el número 5 de la lista de hoteles de
Palermo. Pero le faltaba el alma y la calidez que encontramos en los
B&B que nos aconsejaron en Trinakria. La apuesta que han hecho en
Sicilia por los negocios familiares de hospedería, se llamen Agroturismo
o B&B, es un acierto.   
La fiesta de Santa Rosalia
La noche que pasamos en Palermo y el día siguiente fue toda una
aventura. El día que llegamos era la fiesta en honor de Santa Rosalía,
la patrona de Palermo, y las actividades, procesiones, fuegos
artificiales, se centran en el casco antiguo, precisamente donde
teníamos el hotel. Consecuencias de todo este folclore: calles cerradas,
parking del hotel cerrado,…una policía muy simpática nos dijo que no
tenían instrucciones muy concretas, pero que por el momento aparcáramos
el coche donde buenamente pudiéramos (mi mujer luego me dijo que le
había parecido que la policía había estado demasiado simpática con mi
amigo y conmigo, ya veis, unos cincuentones, …¡viva Sicilia!).  No
termina aquí el asunto. La policía que os comento, muy guapa por cierto,
al poco rato aparece en el hotel para decirle a la recepcionista que
“los españoles” tienen que retirar el coche de donde lo han dejado antes
de las 3 de la madrugada porque si no la grúa municipal se lo lleva… ya
nos veis a mi amigo y a mí casi de de madrugada saliendo por los
callejones estrechísimos, sucios y oscuros de Palermo, sin poder ver la
procesión ni los fuegos artificiales… Colofón barroco a un viaje
fascinante. 

Gracias Boris, gran consejo el viajar por esa zona y magnífica organización. Torneremo in Sicilia di nuovo!   

 Alvaro, Mariví, Jordi, y Mª Rosa

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