Un viaje inolvidable (de norte-oeste a sur-este)

Artículo escrito por Juan José Establier

Llegamos a Palermo, donde todo estaba ya listo para recoger un coche y empezar a rondar la isla. En una hora y poco llegamos a nuestro primer destino en Sicilia. Los primeros paisajes pasaron rápidos mientras circulábamos por las locas carreteras de la isla. Aquí se circula, como en muchas islas, olvidando que hay más gente en la carretera y haciendo tres carriles donde hay dos. De hecho el carril virtual que se hace en el medio es como un pulso donde cede el más débil. Todo el tráfico en esta isla es loco y rápido. Pero las carreteras no son malas y hay varias autovías bastante decentes.



Nuestro primero Bed & Breakfast estaba en un pueblo costero llamado Scopello, sobre la colina que domina el minipueblo y con unas vistas de miedo. Casa Corcella es una masía restaurada con el estupendo buen gusto típico italiano. Cada día cuando regresábamos, un zorro, nos saludaba desde el camino. Era nuestra mascota.

Scopello es muy pequeño, con algunos restaurantes buenos y un par de sitios de comida económica situados en la plaza. Muy recomendable es pegarse un baño en la antigua almadraba “Tonnara” que es un lugar único. Para los que aman la naturaleza la Reserva dello Zingaro está al lado y es un parque natural con playas muy chulas. Yo hice submarinismo allí y pude ver langostas campando a sus anchas.

Desde Scopello, donde dormimos tres noches, hicimos varias excursiones en coche a San Vito lo Capo el primer día(faro, pueblo y playa más septentrional de la isla), Segesta (templo timo donde engañaron a los griegos), Erice (increíble lugar normando en lo alto de una montaña), Trapani el segundo día y el submarinismo, baños y Castelmmare del Golfo el último.

De Scopello y tras un buen viaje en coche por carreterillas recorriendo la costa sur, llegamos a Agrigento y de ahí a Sant Angelo Muxaro que era nuestra segunda casa. Como describirlo: un pueblo que parece que esté en blanco y negro; antiguo. Allí los hombres están en los bares por la tarde tras la jornada y las mujeres vestidas de negro, sentadas en sillas de mimbre en la puerta de casa. La única publicidad que se ve en las paredes son los anuncios de los entierros y se respira el poder católico que sigue aquí anclado. Los pocos jóvenes que quedan son todavía presos de la edad pero ya hacen planes. Nos alojamos en la casa de una señora que nos regaló unos bollos y dulces caseros para desayunar que estaban de muerte. Ella era muy simpática y como todos los sicilianos, nos atendió de fábula. Igual que el guía que era un tío la mar de majo.

Desde este pueblo tan rural en medio de la isla hicimos varias excursiones a otros pueblos que creo son en realidad el cuore de Sicilia y su carácter. Prizzi, Palazzo Adriano, Corleone, etc. Son como España hace unos años. Esta parte del viaje no es para los que buscan monumentos ni playas. Es para los que saben estar sin hacer nada y les gusta observar cómo es la gente del lugar que visita. A mi me gustó pero reconozco que las primeras horas estaba un poco en plan “dónde estoy y qué hago”. Es como hacer un Kit Kat en nuestro estilo de vacaciones son ocio, es decir que nos solemos ir de vacaciones para “descansar” y no paramos quietos, lo queremos ver todo y cuando no hay nada más que playa u ocio decimos ¡qué rollo! No hay quién nos entienda.

De Muxaro fuimos a Ragusa. Nos alojamos en una casa en medio de la ciudad antigua. De nuevo el buen gusto y la combinación moderno/viejo del B&B Le Chicche me gustó. Ragusa es como Venecia pero en tierra firme. Quiero decir que es un lugar muy bonito, único, bien cuidado pero donde no vive nadie. A mi me fascinó porque el Barroco me gusta y porque me gustan los lugares que se ve que fueron esplendorosos, todo está igual, pero quedaron vacíos. En este caso un terremoto hizo que los ricos pusieran pies en polvorosa y la ciudad quedó como con la puerta abierta y la cena caliente en la mesa.


En Ragusa pasamos dos noches y la primera la pasamos paseando por el lugar, viendo un teatro de polichinelas y cenando en uno de los muchos bonitos restaurantes. La ciudad te deja como hipnotizado y son muchas las parejas que eligen Ragusa para su boda. El segundo día volvimos a conducir por la costa hasta Siracusa: una ciudad horrible con un famoso teatro griego que tampoco es para tanto. Eso si, hay un barrio llamado Ortigia que da al mar que me impresionó. Es cierto que es el día que comimos mejor de todos y bebimos más de la cuenta. Paseando después de comer por la catedral, las callecitas encantadoras, mirando el mar, etc. Ortigia es como un Soho que aún balbucea y que seguro crecerá. El típico sitio bonito lleno de palacios abandonados que un día será capital del arte y la buena vida como los italianos saben hacer. La Dolce Vita.

Y para terminar este muy repetible viaje, acabamos en el lugar más fantástico de todo el viaje: Casa Pipinitto. Unos de los lugares más bonitos que he visitado, con una atmósfera de relajación y buena vida desde el primer segundo. Te recibe Pepe que es el perro, moviendo el rabo, luego los amos del caserón que es increíble, auténtico, grande y precioso. Los anfitriones terriblemente amables y tranquilos hacen de este lugar de lo mejor que he vivido.

Desde aquí excursiones a Taormina (bonito, hay que verlo, pero plagado de turistas pijos y yankees de esos con números de colores en el pecho en plan guardería) y al Etna. Del Etna poco se puede decir porque hay que verlo y sentir como en cualquier momento escupe su lava otra vez. La verdad es que entre la Casa Pipinitto, el Etna y sus bosques anexos podría decir que en dos días tuve sensaciones que pocas veces se tienen. Llegué a pensar en ponerle a un futuro hijo el nombre de este lugar. No creo que me olvide nunca. Es más repetiré con seguridad.

Lo único que seguro no repetiré fue el último día que lo pasamos en Palermo: un asco de ciudad, fea, sucia y dónde se nota que gastaron todo el dinero en copas y otras cosas en lugar de a cuidar la ciudad. Aquí se ve todo gris incluso en pleno solazo. No volvería nunca a no ser que la Mafia me obligue.

Aquí se acaba este relato de 10 días intensos pero estupendos en Sicilia. Me quedaron ganas de ver más, visitar las islas satélites, estar más tiempo en Casa Pipinitto y visitar el Etna por la otra cara en una excursión a pié. Pero sé que aquí volveré y será otra vez con la ayuda de Shine Sicily.

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