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No hay una Sicilia. Hay muchas. Dentro de la Trinacria, o isla
triangular, existe tal diversidad geográfica, paisajística, histórica,
política, arqueológica y cultural, que es difícil conseguir una adecuada
visión de conjunto si no se visita por partes, pausada y
escalonadamente, haciendo de la movilidad un aliado y no un adversario,
que permita descubrir sus innumerables tesoros. Teniendo clara esta
premisa y si se desea encontrar en Sicilia algo más que un delicioso
cannolo, una refrescante granita, o una camiseta de Marlon Brando
acariciando un gatito, es imprescindible asesorarse bien antes de
iniciar el viaje. En nuestro caso, Boris y Giovanni, de Trinacria Tours,
interpretaron a la perfección nuestra idea y seleccionaron tres áreas
geográficas con un centro estratégico desde el que poder acceder de
forma asequible a las zonas más hermosas, no las únicas por supuesto,
de la isla.

En la provincia de Ragusa, en la zona sureste, partiendo del primero
Agriturismo, amablemente atendido por Gisella y su familia y después de
degustar unos nutritivos desayunos a base de productos típicos locales
(memorable la ricotta), se puede visitar el Val di Noto, haciendo un
recorrido por el sorprendente barroco siciliano, ubicado en los pueblos
situados entre los montes Iblei, reconstruidos casi en su totalidad,
como la mayor parte de la isla, después del devastador terremoto de
1693. Pueblos como Noto, Chiaramonte Gulfi, Giarratana, Palazzolo
Acreide, o incluso Scicli, situado más al sur, próximo a la costa,
emergen de entre las rocas de las montañas como una extensión
pulimentada y artesanal de las mismas, con su piedra color crema que
confiere una personalidad intransferible a sus cúpulas, iglesias y
palazzi, y que merecidamente les ha permitido formar parte del selecto
Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

La zona costera de esta región es desarmante. Mires por donde mires,
las playas de arena blanca con aguas transparentes se apoderan del
horizonte. El mar que, con su variada gama de azules desde el turquesa
hasta el azul oscuro, baña todo el litoral hasta fusionarse con un
cielo siempre despejado, es un espectáculo que merece ser visto. Entre
las playas, la reserva natural de Vendicari, una reserva de aves
palmípedas y tortugas, a la que se debe acceder a pie, con una salida
al mar en forma de playa donde está permitido el baño y donde podrán
apreciarse en sus fondos cristalinos una innumerable variedad de peces.
Limítrofe con la provincia de Ragusa está la provincia de Siracusa,
cuya capital, del mismo nombre, requiere una visita casi de forma
obligada. Ciudad natal de Arquímedes, se encuentra en el extremo
suroriental de las isla, bañada por el mar Jónico. Símbolo de
resistencia frente al Imperio Romano, su defensa le costó la vida al
famoso matemático, físico y astrónomo griego. El centro histórico de
la ciudad, que se encuentra en la pequeña península de Ortigia, se
asoma al mar tras sus murallas, aristocrático, elegante, orgulloso
conocedor de su belleza, jalonada por callejuelas empedradas, edificios
de la idiosincrática piedra blanca de la zona, y culminada por una
Piazza del Duomo de las más hermosas de toda Italia.

Reconociendo la enorme cantidad de tesoros que aún esconde este rincón
de la isla, partimos hacia el extremo más occidental, la provincia de
Trapani. Como la distancia es considerable, a medio camino se hace
imprescindible una visita al Valle de los Templos, en Agrigento. El
Parque del Valle de los Templos alberga un yacimiento arqueológico de
espectacular belleza y sorprendente estado de conservación, con restos
datados del siglo V a.C , ubicados en lo alto de las colinas que dominan
el mar, están consagrados a dioses griegos como Juno, Zeus o
Hércules, y su simple proximidad te traslada a los tiempos de Homero y
su Ilíada, especialmente en el caso del Templo de la Concordia,
majestuoso y perfecto, desafiando a la historia y a la adversidad. Por el momento el tiempo le da la razón.

En esta ruta no se puede abandonar la zona sin ver la Scala dei Turchi,
una escalinata de piedra, labrada de forma natural por el mar en sus
embestidas a la costa, cuyo acceso sólo puede realizarse caminando por
hermosas playas rocosas, y con unas privilegiadas vistas en su cúspide,
de todo el litoral meridional de la isla.

Desde el segundo Agriturismo, en Fulgatore, muy próximo a Trapani, se
puede desplegar una interesante aproximación a los puntos más
relevantes de este área. También aquí se pueden degustar opíparos
desayunos con una nutrida y sabrosa muestra de la excelente variedad de
frutas de la zona, incluida la célebre aranciata siciliana (zumo de
naranja, n.d.r.), y otros productos locales de magnífica calidad. En
Don Carlo además, no se puede perder la posibilidad de probar la cocina
de Rosa, que cada noche, asistida de forma muy profesional por su joven
hijo Alessio, idea distintas versiones de los más apetitosos platos de
la legendaria gastronomía tradicional siciliana.

Con un avituallamiento de esta índole se puede iniciar la ruta con
destino a la vecina Trapani, no sin antes coger el Funicular, Funivia,
que desde las afueras de la ciudad conduce hasta Erice, un pequeño y
amurallado pueblo medieval situado en lo alto de una colina,
estratégicamente dispuesto a modo de almena, para controlar toda la
región. Recientemente las calles de Erice han ambientado la última
película del cineasta revelación del cine italiano, Pierfrancesco
Diliberto Pif, “In guerra per amore”. Las vistas de Trapani y su
hermosísima costa desde el Funicular son un espectáculo, pudiendo
apreciarse a la perfección el archipiélago de las Egadi, Marettimo,
Favignana y Levanzo, separadas de la costa por un pedazo del Mar Tirreno
cuyo fondo se halla repleto de barcos romanos y cartagineses
enfrentados durante las Guerras Púnicas, y que ahora asiste a la
tradicional pesca del atún (las matanzas). El centro histórico de
Trapani tampoco puede dejar indiferente a nadie. Parte de la misma playa
y el color blanco de las fachadas barrocas de sus edificios parece
mimetizarse con la blanquísima arena de su costa , haciendo casi
indistinguible el límite entre la ciudad y el mar. Entre sus animadas
callejuelas se puede encontrar la Pasticceria Colicchia, donde se pueden
saborear probablemente las mejores granite de Italia, cuya elaboración
estrictamente artesanal vigila, desde una de las mesas del interior del
local, il Cavaliere (título otorgado por el presidente de la
República a empresarios de éxito) Francesco Colicchia, asistido por
sus hijos y nietos.

La siguiente etapa nos lleva hasta la metrópoli, Palermo, la capital de
Sicilia y una de las ciudades más pobladas e importantes del país.
Las señales de la autopista que anuncian el aeropuerto
Falcone-Borsellino ya inducen a pensar que Palermo no es un simple
destino más. La curiosidad por entender qué le ha ocurrido a esta
elegante, palpitante, bulliciosa y aristocrática ciudad de sangriento
pasado, se torna en imperiosa necesidad tras encontrar los obeliscos,
situados a ambos lados de la autopista, a la altura de Capaci, que
recuerdan el punto exacto en que el magistrado antimafia Giovani
Falcone, su esposa, la también magistrada Francesca Morbillo, y tres
miembros de su escolta fueron asesinados por la mafia con mil kilos de
explosivos situados bajo el asfalto y detonados desde una caseta
localizada en una montaña próxima donde puede leerse “No Mafia”.

Llegados a Palermo, la mejor forma de conocer la ciudad descubriendo la
riqueza de su pasado normando, musulmán o español sin olvidar la
indeleble huella que en ella ha dejado la lucha antimafia, es seguir una
de las visitas guiadas que ofrece la organización Addiopizzo. Esta
organización formada por jóvenes profesionales y emprendedores
decididos a unirse y defenderse de la extorsión mafiosa, más conocida
en Sicilia como pizzo, agrupa a todos aquellos comerciantes dispuestos a
resistirse al pago de esta antigua tasa criminal impuesta por Cosa
Nostra, estimulando a su vez el consumo crítico por parte de la
ciudadanía. La visita conocida como Palermo No Mafia, comienza en el
impresionante Teatro Massimo y continúa por todo el centro histórico
de la ciudad haciendo escala en los lugares más hermosos y emblemáticos como el
Mercato del Capo, la Plaza de la Memoria, tras el Palacio de Justicia,
donde se recuerda a los magistrados antimafia asesinados, la Catedral,
la Plaza Vigliena más conocida como “i Quattro Canti”, con sus
refinados palacios barrocos delimitando las cuatro esquinas desde las
que parten los mandamenti o circunscripciones en las que se divide la
ciudad antigua. La visita concluye en la Plaza del Municipio hasta donde
se llega atravesando calles en las que pueden apreciarse palacios
bombardeados durante la Segunda Guerra Mundial que mantienen sus muros
en ruinas. La placas que recuerdan el lugar donde fueron asesinados
destacados miembros de la lucha antimafia de la sociedad palermitana son
conmovedoramente frecuentes en todo el recorrido.

En cualquier caso para completar la visión de lo que la Mafia ha
significado para Sicilia y para Italia es imprescindible acudir al
epicentro del terror mafioso, a su auténtico nido del águila: a
Corleone. En este pequeño municipio de once mil habitantes, encastrado
en la montaña y rodeado de interminables tierras sembradas de grano, se
juntan lo más sanguinario de Cosa Nostra con lo más valeroso y
comprometido del movimiento antimafia. La organización Addiopizzo,
ofrece la posibilidad de conocer mediante su visita guiada “Corleone
sorprendente”, la auténtica y dramática historia de esta localidad,
muy alejada de la romántica visión que de ella ha dado el cine (los
exteriores que Coppola eligió para su famosa trilogía se encuentran en
Savoca, en la región de Catania). La visita está guiada por Marilena
Bagarella, historia viva del movimiento antimafia, no sólo por su
comprometido activismo contra el fenómeno mafioso, en escuelas, medios
de comunicación y grupos sociales, sino por el significado casi
heróico de su testimonio dados sus lazos familiares de generaciones
precedentes, inevitables por otro lado en un lugar de estas dimensiones,
con una sanguinaria familia mafiosa. De la mano de Marilena y por las
serpenteantes y empinadas callejuelas de Corleone se comprende como esta
organización criminal de corte feudal, ha impuesto su ley contra
alcaldes, sindicalistas, policías, campesinos y ciudadanos de cualquier procedencia o condición
que haya osado plantarles cara, incluyendo a niños, sirviéndose
exclusivamente del uso del terror. El clan de los Corleoneses formado
por Totò Riina, Leoluca Bagarella y Bernardo Provenzano, los dos
primeros cumpliendo cadena perpetua en la actualidad y el último
fallecido en prisión, decidieron dar el salto a la conquista de Palermo
en los años ochenta, comenzando su sanguinaria guerra primero contra
otros clanes y después contra la magistratura y todo el Estado
Italiano. La evolución que durante todo el siglo veinte siguió
Corleone, paralela a la de sus clanes mafiosos y su actividad criminal,
se explica a la perfección en el Laboratorio della Legalità, situado
en una casa expropiada por el Estado a la madre del capo Bernardo
Provenzano, y donde entre cuadros, recortes de prensa e imágenes en
tamaño real de mafiosos y de destacados mártires de la lucha
antimafia, se percibe la auténtica y dramática dimensión de la épica
lucha, en muchos casos silenciosa y desconocida, de estos valientes
ciudadanos. A día de hoy Corleone no tiene corporación municipal ya
que el Ayuntamiento está intervenido por el Estado por infiltración
mafiosa. Conmovidos por el valor y el civismo de la lucha antimafia nos
zambullimos en las cristalinas y cálidas aguas que bañan la isla. Las
bellísimas costas de Sicilia en cualquiera de los puntos cardinales son
siempre una magnífica elección, pero la Reserva natural dello
Zingaro, en el golfo de Castellamare, en Scopello, merece mención
aparte. Enclavada en un privilegiado rincón del Golfo, la reserva, a la
que hay que acceder a pie, ofrece unas inigualables calas de roca
blanca bañadas por aguas cristalinas y profundas donde los peces,
espontáneos compañeros de inmersión, bucean junto a ti hasta la misma
orilla.

No se puede abandonar la costa Occidental de Sicilia sin hacer una
visita nocturna a Marsala. Además de ser conocida por sus deliciosos
vinos de postre, las playas de Marsala fueron testigo del desembarco en
1860 de Garibaldi con sus mil camisas rojas que, cual Ítalo al frente
de sus Sículos, daba comienzo a la conquista del reino de las Dos
Sicilias, como preludio de la exitosa unificación italiana.
El porticado centro histórico de Marsala conduce mediante un dédalo
de callejuelas hacia la Piazza della Repubblica donde se encuentra la
imponente Chiesa Madre, como no, barroca, y el Ayuntamiento. En todo su
perímetro se encuentran calles con una animadísima vida nocturna que
incluye música en vivo, terrazas abarrotadas y tiendas, incluyendo
librerías, abiertas hasta la madrugada.
La última etapa de nuestro viaje nos lleva hasta la región de Catania,
en la falda del volcán, no sin antes hacer una parada en la costera
Cefalú, a orillas del Tirreno, para disfrutar de su extensa playa de
arena blanca, custodiada por esta hermosa localidad medieval cuyas
estrechas y empinadas callejuelas empedradas embocan en su célebre
lungomare.

En los alrededores del volcán, el siempre activo Etna, la geografía
cambia volviéndose mucho más verde y montañosa, dando lugar incluso a
acantilados, barrancos y desfiladeros, dispuestos a saciar la sed de
aventura de los excursionistas más intrépidos. Desde el último
Agriturismo, en el Municipio de Gaggi, próximo a las Gargantas del río
Alcántara, pueden apreciarse los montes de nogales y castaños que
acompañan en su descenso al gélido río desde el Monte Etna hasta el
mar. Su localización es óptima para las excursiones al Etna y a su vez
apreciar toda la costa Jónica, desde la muy turística Taormina hasta
la sofisticada Catania.

Pronto llama la atención que en todos los municipios de la zona las
construcciones son de piedra negra, al contrario que en el resto de la
isla, fruto de la lava volcánica que ha dejado su impronta tras
repetidas erupciones en toda la orografía. Ejemplo de ello son las
localidades de la Riviera de los Cíclopes, al norte de Catania, formada
por antiguos pueblos de pescadores que, como Acireale, se han
convertido en hermosas ciudades monumentales. La magnífica Piazza del
Duomo de Acireale, su Catedral, Basílicas y Palazzi, justifican con
creces una visita a una ciudad conocida por su Carnaval y sus
marionetas.

La bandera de la región de Sicilia tiene en el centro su escudo de la
Trinacria y está dividida por una línea diagonal en dos mitades, la
izquierda de color amarillo, que representa los extensos campos de grano
de la zona occidental de la isla, y la derecha de color rojo, que
representa la fértil tierra volcánica del extremo oriental. La mitad
rojo- anaranjada de la bandera tiene su centro político en Catania, la
segunda ciudad más poblada de Sicilia.

El monumental centro histórico de Catania, declarado Patrimonio de la
Humanidad de la UNESCO, otro más en la lista, es una espléndida
muestra del urbanismo del siglo XVIII, con una construcción en
retícula formada por amplias y largas calles rectas custodiadas por
elegantes palacios e iglesias barrocas, con sólidos muros de piedra
volcánica negra, envenenado regalo del Etna, que alternan con la
clásica piedra calcárea blanca habitual en el resto de la isla. Su
epicentro está en la Piazza del Duomo con la emblemática Fontana dell
́Elefante, donde Liotru, el elefante de lava en cuyo lomo apoya el
obelisco del mago Heliodoro, conocido según la leyenda por convertir a
los hombres en animales, se ha convertido en el símbolo de la ciudad.
Alrededor de la Fontana pivota la hermosa y bulliciosa piazza, desde
donde, dirigiéndose hacia el norte, se puede acceder a la Piazza dell
́Università en la que se encuentra el Palazzo dell ́Università, sede
de la Universidad de Catania, y punto de partida de la principal arteria
comercial de la ciudad, Via Etnea. Esta larguísima y sofisticada calle
discurre desafiante en línea recta hacia el corazón del volcán, y
desde sus numerosas tiendas, terrazas y escaparates puede verse
expectante su imponente silueta.

Catania es un claro ejemplo de la legendaria resistencia a la adversidad
de los meridionales, puesto que fue arrasada en 1669 por una erupción
del Etna, que la sepultó bajo la lava, y posteriormente por el
devastador terremoto de 1693, pero ha sido reconstruida una y otra vez
para seguir en pie, hermosa y cautivadora, consciente de que su destino
consiste en seguir para siempre durmiendo con su enemigo.
Los cinéfilos que visiten Sicilia no pueden marcharse sin visitar la
pequeña localidad de Savoca, una villa medieval situada en la cima de
una colina, a escasos 20 kilómetros de la costera Taormina. En este
bucólico enclave montañoso de los Montes Peloritanos situó Francis
Ford-Coppola el exilio siciliano de Michael Corleone en la primera parte
de El Padrino. El bar Vitelli, lugar en el que Michael solicita al
irritable padre de la hermosa Appolonia permiso para cortejarla,
conserva exactamente el mismo aspecto que en la película, incluída la
emblemática placa de la entrada de “Itala Pilsen”. Resulta casi
imposible pasear por la diminuta Savoca sin que las inolvidables
melodías de Nino Rota discurran suavemente desde las más reservadas
regiones de tu área límbica hasta tus labios.

Efectivamente hay muchas Sicilias y entre todas constituyen un todo
heterogéneo, diverso, hermoso, exótico, pintoresco, inolvidable, que
requiere una aproximación abierta, respetuosa, alejada del tópico y
rendida ante el mito, el inagotable mito de un destino inmortal. En las
noches estrelladas estivales que iluminan la isla, con la tibia brisa
marina abriéndose paso entre naranjos y limoneros, no es difícil
preguntarse ¿Será cierto que dioses y héroes eligieron la Trinacria
para sus aventuras en la Tierra? La respuesta es evidente: sí,
siculamente.

Articulo escrito por M. San A.

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