15 días en Trinacria

Guía

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Los
dos primeros días, Palermo y Monreale
,
la lluvia nos ha acompañado y, aunque en algún momento se empeña
en persistir y nos obliga a guarecernos, vamos preparados con
chubasqueros y visitamos lo que teníamos previsto; eso si,
invirtiendo algo más de tiempo. Los mosaicos de la Capilla Palatina
preciosos. Muy recomendable también el Duomo de Monreale, merece la
pena subir a la terraza por las vistas. Hemos probado el transporte
público, conviene tener paciencia.
Las
calles de Palermo, de gran ciudad, de cafeterías y pastelerías, de
tiendas y palacios y “palazzettos” (que se intuyen futuros
hoteles), ajetreo relativo mediterráneo, de noches de wine bar y
buena comida. Recomendables las copas de Kursaal Kalahsa en las
murallas del puerto (propiamente, dentro de las murallas), que además
de bar es también restaurante y librería.
De
camino a la zona del Etna nos desviamos para visitar Cefalú, ahí
sobre las olas rompientes. Merece la pena dar un paseo por sus
calles, y sus playas y seguro que también un baño, si el tiempo lo
permite, que no fue nuestro caso. También nos encantó visitar los
lavaderos medievales tan bien conservados y esa agua tan limpia.
El
cruce de la isla por el centro es un cambio de paisaje, de la poblada
y rica costa a las extensiones despobladas cruzadas por una autopista
que durante kilómetros se eleva sobre los campos ocres, negros,
diseñados por el hombre, algún rebaño de vez en cuando le da
movimiento al paisaje y demuestran que no está del todo deshabitado.
La
zona del Etna
rica, la tierra
generosa ofrece las vides, los olivos, los frutales y esta riqueza se
acompaña de pueblos diseminados en la base del volcán que lo rodean
recogiendo sus frutos. Merece la pena dejarse perder por las
carreteras que unen estos pueblos y comprar algún rico melocotón a
los vendedores ambulantes.

El
Etna impresionante: a tus pies la fuerza de la naturaleza viva, las
nubes que vienen y van, el tiempo puede variar en segundos. Puedes
tenderte sobre la lava deshecha, negra, mullida, retirar la primera
capa y sentir el suelo caliente, y, entre el negro, buscar los verdes
del azufre y los rojos del hierro. La sensación a 2900m con la vista
de la cima humeante es fantástica. Absolutamente recomendable subir.
Quizás si el día hubiera sido claro la vista seguro hubiera sido
espectacular, pero tener a los pies un mar de nubes y sobre la
cabeza el cielo azul también tiene su encanto.

Visita
a Taormina, vivir lo turístico de sus calles y restaurantes como
eso, turístico, de postal pero merece la pena el teatro, su
ubicación y sus vistas. En la zona de Giardini Naxos por fin el
tiempo nos permite un baño. Las aguas limpias, no podemos decir lo
mismo de la arena. Una visita a Acireale nos pone en contacto con los
aperitivos de la tarde y la “passeggiata”, ciudad no turística,
puede uno perderse entre los sicilianos y, como la mayoría de
ciudades rellena de iglesias, pavimentos empedrados y bodas que
visten a la gente de ceremonia.
teatro
de Siracusa
Dejamos
la zona del Etna para bajar al sur y pasamos por Siracusa,
legendaria, tan famosa en todo el mediterráneo, piedra clara. La
zona arqueológica, muy grande, también es espectacular. Hemos
encontrado algunas partes dejadas, poco cuidadas, como el anfiteatro,
con hierbas altas que esconden su belleza. Suponemos que tienen
tanto patrimonio que debe costar mantenerlo todo.
Ya
en el sur
nos dejarnos
transportar al barroco, recargado, piedras esculpidas en fachadas
atiborradas de esculturas, columnas, santos y obispos combinados con
palacios señoriales: Noto, Scicli…

Balcón
de Noto
Un
descanso a tanto barroco supone la visita a la villa romana de
Tellaro: preciosos mosaicos bien conservados donde se pueden leer
historias no escritas sobre el suelo de las habitaciones.
Absolutamente recomendable a pesar de las pocas salas excavadas.
 Mosaico
de Tellaro
La
zona del sur tiene su encanto en los pueblos, como Marzamemi, y en la
zona de playa de Marina di Ragusa se puede comer bien en restaurantes
construidos literalmente sobre las olas, pero no se escapan del mar
de plástico que nos ha recordado la zona andaluza de Almería, con
interminables kilómetros de invernaderos. Aquí la lluvia nos ha
hecho alguna mala pasada al encontrar carreteras inundadas pero la
cosa no ha pasado de “aventurilla”.

 

Templo
de la Concordia
La
zona de Agrigento
: precioso
valle de los Templos, no hay desperdicio, magníficos y tan bien
conservados. Hemos hecho visita nocturna que ha tenido un encanto
especial no sólo por los templos, que ellos solos merecen día y
noche, sino porqué ha coincidido una espléndida exposición de
Mitoraj que estará hasta noviembre y que le da un encanto especial
al conjunto arqueológico. La visita diurna ha sido mucho más
extensa y hemos podido también visitar la zona de la antigua ciudad
de Akragas y pasear por los antiguos Cardo (calles) principales entre
viviendas que se adivinan.
Camino
de la ultima etapa del viaje hemos parado en Scala dei Turchi, en el
pueblo de Realmonte. Acantilados de una roca blanquísima, blanda,
escalonada, le da un aire irreal al paisaje, pero un baño en las
aguas frescas te devuelve a la realidad. Merece la pena visitarlo
temprano.
Scala
dei Turchi
La
parte de Trapani y final del viaje
.
De la zona más al norte destacaríamos San Vito lo Capo con su playa
de arena blanca y su agua cristalina, ese azul pastel de las aguas
calmadas, y además tuvimos la suerte de que no quedaban muchos
turistas y gozamos de un baño ideal. También es visita obligada
Erice, que después de ascender por una tortuosa carretera se llega a
ese cerro extendido cuya cumbre configura un pueblo empedrado y bien
cuidado, se nota el fresquito. Como todo, también turístico, pero
las vistas son espectaculares: las islas Egades, la ciudad de
Trápani… Y, claro, visita a la famosa “pasticceria Maria
Grammatico” con su derroche de dulzor. Nosotros subimos por un lado
de la montaña y bajamos por la parte norte que tiene otra visión
también muy recomendable.
Por la
parte sur de Trápani nosotros optamos por visitar la isla de Mozia
(fundada en el s. VIII a. C.) que, tras un paseo en barca desde las
calmadas salinas y con una ridícula profundidad que te permitiría
ir a pie, se aparece la isla que fue una fortificación fenicia. El
museu de Whitaker y un paseo por la isla te ofrecen la visión de la
grandeza del pasado y la exquisitez artística con una escultura
especial que es la joya del museo: el “Giovane di Mozia”. A
nosotros que nos gusta lo antiguo también nos apeteció perdernos
por el museo de Marsala que se extiende más allá de sus muros con
villa romana incluida.
gradas
del teatro de Segesta
Camino
del aeropuerto, últimas horas, pasamos por Segesta: impresionante,
el templo inacabado y, sobretodo, el precioso teatro griego, tan bien
conservado, un sonido impecable y una vista preciosa de lo que fue el
puerto de Segesta: Castellammare del Golfo. Un recorrido final por
la costa que une este pueblo con el aeropuerto nos ha dejado un
regusto un poco malo: hemos intentado un último baño pero la
suciedad de las playas, una tras otra, no ha hecho desistir.
Bullicio
en la “Passeggiata” al atardecer
En
general decir que los lugares en los que hemos estado alojados han
sido perfectos, tanto el establecimiento, como su ubicación y
también, y muy importante, los propietarios que, con trato familiar,
han sido a la vez que profesionales amables y dispuestos con buenos
consejos sobre la zona. Los establecimientos pequeños se prestan a
la proximidad.
Como
nota negativa la suciedad que inunda los arcenes de las carreteras, y
las playas, incomprensible. Al igual que a la conducción te puedes
acostumbrar aunque sueltes algún gruñido, pero a la suciedad no y
han sido kilómetros de carreteras con bolsas de basuras tiradas, una
pena.
Sin
embargo nos quedamos con la sensación de que Sicilia es una isla muy
viva, sus gentes animadas y sociables, de paseos vespertinos, sus
campos ricos y su patrimonio extenso, de todas las épocas, hacen
entender que todas las culturas la hayan deseado.
Paco y Maite
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